La crónica de Salvador Novo

Salvador Novo era un poeta mexicano nacido en el siglo XX y que ayudó a renovar la literatura mexicana de su época.

Funda las revistas Ulises (1927) y Contemporáneos (1928) con Xavier Villaurrutia.

Historicamente hablando, escritores como Salvador Novo ayudaron a asentar la noción de México como nación después de la Revolución de 1910. Los gobiernos posrevolucionados se habían enfocado expandir la ideología nacionalista con la que se construiría el país como lo entendemos hoy. Una serie de grupos marginados hasta entonces, entre los que se encontraban los mestizos y las poblaciones indígenas, habían alcanzado además relevancia a través de su participación en la revolución, sin embargo no contaban todavía con el acceso a una educación de caracter institucional que les permitiera salir de la pobreza en la que habían estados sumidos. Para poder incorporar a los grupos con menos ventaja, estos gobiernos inciaron planes de educativos y culturales que permitieron conectar con estos grupos e integrarlos a la sociedad mexicana. De ahí que la cultura popular juegue un papel importante en la historia de México. Se usó como herramienta para definir lo que era mexicano de lo que no lo era.

La élite intelectual utilizaría la cultura popular y desarrollarían una simbología propiamente mexicana con el propósito de afirmar es naciente identidad. Sin embargo, escritores como Salvador Novo eran mucho más difíciles de clasificar ya que por un lado participó en el asentamiento de las ideas nacionalistas mientras que a su vez criticaba la falta de mejoras en el campo.

Al inicio de su carrera, Novo era considerado un ensayista y poeta, era vanguardista y formó parte de un “grupo sin grupo” denominado  “los contemporáneos”, en el que también estaban Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, Calos Pellicer, Jorge Cuesta, Gilberto Owen, Samuel Ramos, Elías Nandino y los hermanos José y Celestino Gorostiza.

Desde los años 20, Novo se adentró en el mundo del periodismo al escribir columnas en diarios a lo largo de su vida. Siendo reconocido como una figura pública desde los años 30 en adelante. Además hizo sus pinitos en la radio y en la televisión durante los años 60.

En sus crónicas, “Novo seducía a su audiencia a través de medios poco convencionales: flirteaba con sus lectores al crear una atmósfera sensual e íntima en sus crónicas, mientras que con su falsa modestia mantenía la distancia necesaria para crear su imagen de escritor glamuroso” (95) El uso de la fotografía de La Marr hablando por teléfono desde su baño, ayudó a asegurar el desplazamiento de la literatura y en su lugar aparece el urbanismo popular.

Sus crónicas siguieron rompiendo convenciones a lo largo de su carrera, por ejemplo, el uso de un lenguaje que crea una atmósfera íntima y sensual hace que el lector se convierta en voyeur, dando la impresión de que se ha transgredido un espacio privado.

A pesar de que su lenguaje era “contencioso y a veces indignante” (97), era de caracter populista, y ayudó a sentar el nacionalismo al mezclar esos elementos populares con referencias a escritores como Fernández de Lizardi, Gutiérrez Nájera, Luis Urbina y Amado Nervo, entre otros.

Ya apartir de los 40, se puede vincular a Novo con la élite intelectual y política de México, por ejemplo, fue nombrado el cronista oficial de la ciudad de la ciudad de México por el presidente Gustavo Díaz Ordaz. Sin embargo, Novo encontró resistencia y crítica en manos de generaciones de intelectuales más jóvenes en las décadas de los 60 y 70, al no hablar contra la masacre de Tlatelolco en 1968. Novo había decidido apoyar la versión oficial del presidente Díaz Ordaz, lo cual hizo que sus escritos fueran ignorados hasta los años 90, en el que serían reevaluados al ser un escritor gay que vivió en México durante las primeras décadas del siglo XX.

Como escritor y cronista, Novo fue muy prolífico, sin embargo mantendría una relación tensa con el canon nacional (97), ya que no dudaba en entrar en diatribas con otros intelectuales, como fue el caso de Rubén M. Campos, novelista y crítico de la época.

Novo, como cronista, cultivo una personalidad pública provocadora, que exploraba temas frívolos en una época en la que se esperaba que los intelectuales fueran guías solemnes de una nación que emergía de una sangrienta guerra civil.

El lenguaje juguetón pero a la vez agudo de Novo hizo que el escritor se ganara enemistades como la de Campos, al cual criticó por su modernismo desfasado, lo cual inició un duelo intelectual a la vista del público. Campos era un referente del modernismo. Este movimiento fue emblemático de la época de Porfirio Díaz, y fue cuestionado por los intelectuales del Ateneo de México entre los que destaban José Vasconcelos, Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña. “Estas figuras estaban deseosas de dejar atrás el positivismo y la estética francófila tan populares a principios del siglo XX” (100.) Novo pertenecía a una generación en la que, como se ha dicho previamente, se buscaba el asentamiento de los ideales nacionalistas que nacerían tras la revolución, para lo que se usarían temas tan emblemáticos como el mestizaje para crear una “Raza cósmica” que a manos de la pluma de Vasconcelos uniera a America Latina en una amalgama política y cultural de caracter populista.

 

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