SPA 344 – Borges y yo

Comentario de la lectura:

No es que haya leído muchísimo de Borges, pero de lo que he leído esta historia es una de mis favoritas. Lo es porque su lenguaje es más intimo y más cercano de lo normal. Además me di el lujo de escuchar esta historia narrada por el autor mismo, lo cual hace que sea más real.  En el tono de esta historia hay algo familiar, me encanta como desarrolla la historia. De manera sencilla, añade comentarios interesantes que la enriquece. Me gusta como se auto-analiza. Borges habla de la dualidad del humano, de su propia dualidad de una manera desasociada, como si se tratase de dos persona completamente diferentes. Habla de ese Borges famoso, conocido y admirado por todos del cual tiene envidia.

Como es su propia costumbre, vemos símbolos que utiliza perpetuamente en sus escritos, tal cuales son el zaguán,  y la puerta cancel, la piedra y el tigre, el arrabal, y el olvido.

BORGES Y YO

        Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acto ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, las etimologías,la tipografía del siglo xviii, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

        No sé cuál de los dos escribe esta página.

Para escuchar la voz del poeta, aprieta aquí.

(El hacedor. Buenos Aires: Emecé, 1960)

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